LO QUE SENDE NOS ENSEÑA DE BAJA-TECNOLOGÍA, ALTO-CORAZÓN
- rooralco

- hace 9 horas
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Hay lugares que se sienten menos como edificios y más como ideas que decidieron plantar un jardín. Sende es uno de ellos.

La semana pasada aterrizamos allí para participar en el taller de ECHN “Low‑tech Communication from the Village”.
Para quienes no lo conozcais SENDE es uno de los primeros espacios de coliving y coworking rural de Europa, situado en un pequeño pueblo de montaña.
Durante 5 días, hubs creativos de todo el continente nos reuniemos allí para explorar cómo contar historias potentes con herramientas sencillas, curiosidad atrevida y gran dosis de humanidad.
Cuando entras en Sende, no llegas solo a un coliving. Entras en una obra de arte viva hecha de creatividad, cuidado e imaginación rural.
Estar allí para el taller fue como entrar en la cocina interior de uno de los hubs rurales más pioneros de Europa. Nos fuimos con el corazón lleno, el cuaderno lleno de garabatos y la cabeza vibrando de ideas "low‑tech, high‑human".
Un pueblo que piensa con el corazón
Sende suele describirse como el primer coliving y coworking rural en un pueblo remoto de Europa.
Ese espíritu pionero se nota en cada esquina. En las paredes de piedra, en los artefactos creativos presentes en los espacios, en la forma en que las casas se abren a la calle y la calle al paisaje. Todo susurra que las ideas grandes no necesitan grandes ciudades. Solo personas comprometidas.
Ese compromiso tiene nombres y rostros concretos: Maruchi, Edo, Sasha, Luis, Xoan. Mezclan hospitalidad radical con experimentación juguetona, convirtiendo el pueblo en un lienzo para encuentros, arte y coincidencias improbables entre vecinas, creativos y líderes de hubs.
Ver cómo se mueven, sin prisas, siempre atentos, me recordó que la innovación rural empieza por algo muy sencillo: ser profundamente humano a la hora de acoger.
Los motores de la imaginación europea
Una de las partes más potentes del taller fueron las personas que reunió. ECHN consiguió juntar una pequeña constelación de hubs creativos que, cada uno a su manera, están empujando los límites de lo posible en sus territorios.
Algunos trabajan con artes escénicas, otros con diseño, otros con innovación social. Pero todos comparten una convicción: la cultura no es decoración. Es el fundamento.
Las conversaciones alrededor de la mesa fluían con facilidad desde la financiación y el burnout hasta la pertenencia y el fracaso. Intercambiamos historias sobre reabrir espacios abandonados, co‑crear con los vecinos y reinventar el trabajo en lugares donde “nunca pasa nada” hasta que alguien decide que pase. Fue como sentarse con los motores de la imaginación de Europa.
Para nosotros, en Rooral, fue un recordatorio necesario: no estamos solos. Existe todo un ecosistema de hubs que están convirtiendo espacios urbanos y rurales en laboratorios de futuro. Y cada vez que nos encontramos, la marea sube un poco para todas.
Comunicación low‑tech. Historias de alto impacto
Uno de los aprendizajes clave que nos llevamos de vuelta a Benarrabá es sorprendentemente simple:

«No necesitas estrategias complejas para comunicar quiénes somos. Solo proyectos paralelos honestos y el coraje de darle al play».
A través de ejercicios y ejemplos, el taller volvía una y otra vez a la misma idea: low‑tech, high‑soul.
Tres ideas se nos quedaron grabadas:
Haz proyectos paralelos que hablen de quién eres y qué te importa. Una intervención de un espacio, un mini documental, una colección de postales del pueblo, una mixtape, un mapa del pueblo dibujado a mano. Estas piezas cuentan tu historia de forma más honesta que cualquier campaña pulida.
Empieza antes de sentirte preparada. El perfeccionismo es solo otra forma de quedarse en silencio. Dale a grabar. Publica. Cuelga el cartel. Ya pulirás después. Lo importante es que tu voz y tu mirada existan en el mundo.
Involucra a tu comunidad. La comunicación no es solo hacia fuera. También es hacia dentro, reforzando los lazos entre quienes comparten el mismo proyecto, calle o región.
En Sende, nada parecía sobre‑diseñado, pero todo se sentía intencional. Ese contraste es la mejor definición de comunicación low‑tech que hemos encontrado hasta ahora: herramientas mínimas, sentido máximo.
Por qué los hubs rurales importan más que nunca
Al volver de Sende, estamos aún más convencidos de que los hubs rurales no son una nota a pie de página en el paisaje cultural europeo. Son capítulos principales.
Demuestran que un pueblo pequeño puede albergar conversaciones globales sobre cultura, innovación, arte, sostenibilidad y trabajo en remoto, mientras el gato de la vecina sigue entrando a las reuniones como si nada.
Para Rooral, este taller fue a la vez espejo y brújula.
Espejo, porque reflejó los valores que nos importan: comunidad, impacto y amor por los pueblos.
Brújula, porque volvió a señalar algo esencial: mantener las cosas humanas, mantenerlas sencillas. Seguir contando la historia de por qué, ahora mismo, los territorios rurales son de los lugares más emocionantes para imaginar el futuro.
Hace un tiempo acudimos a otro talller de ECHN sobre cómo los colivings y coworking rurales podíamos profundizar nuestro impacto en nuestra comunidad. Léelo aquí.

Gracias a las preciosas personas con las que compartimos estos días de aprendizaje, lluvia y preguntas: Alba Fernandez Arias (España, Espazo A Maceta), Alexa Pires (Portugal, Maak Cowork Space), Maria do Céu Bastos (Portugal, Nowhere Desk), Agustín Jamardo (Galicia, Anceu Coliving), Natália Melo (Portugal, ARTERIA LAB), Maruchi, Edo, Sasha y Luis (Galicia, Sende), Katharina Kolakowski (Italia, Weigh Station ETS), Larissa Fliri (Italia, BASIS Vinschgau Venosta), Mirela Marović Omerzu (Croacia, BIZkoshnica Coworking), Tim Worth (Irlanda, Benchspace Cork), Oscar Perez Marcos (España, PAS Coliving), Natalia Aires (España, TRIPLE), Viv Cuthill (Reino Unido, Viv's Coliving), Victor Sanz (España, VUNDU), Relja Bobić (Serbia, Nova Iskra / ECHN) y Vassilis Charalampidis (Grecia, BIOS / ECHN).



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